Esta es la descripción de lo que vivió Marta Alcocer, compañera de la universidad y amiga querida, hace menos de una semana. Ella vive para contarlo, muchos otros no tuvieron esa suerte. Un testimonio más del infierno en que se ha convertido la vida en este país, y particularmente en la ciudad de México. El jueves 21 de agosto pasado me dieron un balazo entre el hombro y el cuello, muy cerca de la arteria aorta, me amagaron, me llevaron secuestrada, me robaron quinientos pesos, unos cuatrocientos huevos de gallinas que yo misma crío en semilibertad, mi reloj de pulsera, una cadenita de oro, una laptop con trabajos a medio hacer, una carpeta con másters de dvds que yo había realizado, cds con softwares y diseños de portadillas y un celular. Eran alrededor de las seis y media de la tarde. Iba yo hacia el Distrito Federal por la carretera que va de Jalatlaco hacia el Ajusco. Ya cerca de donde está un letrero de Bienvenidos a la Ciudad de México, pasando una curva me encuentro con un coche...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.