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Mostrando las entradas con la etiqueta Santiago

Verter aguas

Dar cauce a “lo que mi cuerpo no necesitaba” (tomando la frase de la publicidad de All Bran y de Bonafont) en materia de líquidos, desahogar la vejiga o, como expresamos de manera tan simbólica en México, “echar una firma”, en un baño público de Santiago me costó el equivalente a seis pesos mexicanos, según puede verse en el recibo que reproduzco. Esa cantidad me dio derecho a ingresar a los servicios sanitarios ubicados en un subterráneo de una calle del centro, cerca del Palacio de la Moneda, al que entré no sin desconfianza y jalando aire para contar con una reserva de oxígeno en los pulmones en caso de necesidad. Por experiencia pensé que seguramente se trataría de una cámara de gases, sucia, destartalada, nauseabunda. Pero ¡sorpresa! Encontré un baño como de hotel, limpio, moderno, bien ventilado, impecable. Nada como para quedarse a vivir en él, por supuesto, pero mucho mejor que los baños de gasolineras, casetas de carreteras, estadios, escuelas y hasta de algunos restaurantes ...

De lo bueno de Santiago

La brevedad de mi estancia en Santiago me permitió apenas arañar la superficie de la forma de vivir de los santiaguinos. He de volver. Pero las horas que dediqué a deambular por el centro, los viajes en el metro, el trabajo realizado con un grupo de chilenos, las comidas y cenas, los traslados en taxi y hasta el inevitable shopping , me dejaron algunas impresiones que quiero compartir con los osados lectores de este blog. A ver si alguien se anima a comentarlas. La primera sensación grata que tuve en Santiago fue de limpieza . Todo está impecablemente limpio: el aeropuerto, el taxi, las calles, la ropa de la gente, los baños… Esta sensación se confirmó constantemente, en todas partes. Es muy agradable por el valor de la limpieza en sí, pero sobre todo por lo que representa en materia de educación, disciplina, respeto. Una circunstancia que disfruté enormemente –por el dramático contraste con la ciudad de México—es la sensación de seguridad . Uno puede andar por la ciudad a distintas h...

Visita a Santiago

Al fin se me concedió la oportunidad, largamente esperada, de poner pie en Chile y conocer Santiago, con el plus de dar un rol por Valparaiso-Viña del Mar-Reñaca. Suertudo ¿no? Fui requerido para conducir una sesión de trabajo con integrantes de la oficina en ese país de una empresa cliente. Hago un recuento breve de experiencias. Viajé el 7, trabajé el 8 todo el día --cena en el Isla Negra-- y la mitad del viernes 9; ese día me lancé al Centro Histórico y por la noche cené en un lugar alucinante --el Ocean Pacific-- con Javiera Casabianca, una exalumna y querida colega, y su marido Rodrigo. El sábado, guiado por Javiera hice una excursión a Valparaiso y anexos (foto); en la noche, cena en el departamento del matrimonio Cahn-Casabianca de la que no puedo dar todos los detalles por el efecto de los Pisco Sour, el delicioso vino chileno y el whisky del final (¡pa'que amarre!). Una jarra regular. Lo que tengo claro y agradezco enormemente es la hospitalidad de esta pareja de jóvene...

En Santiago, victima de Aeromexico

Estoy aunas cuantas horas de terminar una visita de cuatro dias a la capital de Chile. Escribo desde una desvencijada computadora --que NO marca acentos-- de la sala VIP de Aeromexico cuyos discutibles privilegios (esta medio chafita) disfruto no por meritos propios sino como una forma basica de compensacion porque en el viaje de ida, el miercoles por la noche, mi maleta se extravio (esta basura tampoco da servicio de entrecomillado). Asi, se esfumo. Nunca aparecio en la banda de entrega, con lo cual me re-partio la madre porque tenia que iniciar trabajos con un grupo pocas horas mas tarde. Aunque el personal de la empresa en Santiago me ha tratado muy bien, el tema quelaempresa no es capaz de manejra adecuadamente los bienes porlos cuales aume responsabilidad. Punto. Me rindo con esta computadora.Sigo manana,perono sin antes decir que esta noche enfrento un retraso dehoras delvuelo......