Retomo los primeros párrafos de "Pequeño gran tesoro", la columna de hoy de Federico Reyes Heroles en el Reforma . Se refiere a una realidad escalofriante, y absolutamente cierta. No es genético, pero por momentos casi lo pareciera. En otras latitudes resultaría simplemente incomprensible. Va contra toda lógica ya no digamos de enriquecimiento, de llana supervivencia. Los primeros perjudicados somos nosotros y sin embargo no podemos contenernos. Me refiero a la infinita capacidad de destrucción de los mexicanos. Un rayón contra un automóvil ostentoso se puede entender, aunque no justificar: se trata de un acto de resentimiento, la riqueza ofende en un país con millones de pobres. No sólo ocurre en México. Pero lo nuestro va mucho más allá. La capacidad de destrucción atraviesa todos los sectores sociales, no es regional, tampoco mejora con el nivel educativo. Está en el norte, en el sur, en las zonas habitacionales de ingresos bajos, medios y altos. La practican quienes está...
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