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Mensaje de Purificación, un ejercicio de deconstrucción

 

PurifComo reacción ante la publicación en redes sociales de la grabación de una conversación de la diputada Purificación Carpinteyro supuestamente con el director de Pymes de Telefónica Movistar, José Gutiérrez Becerril, en la que la legisladora muestra entusiasmo por iniciar un negocio de telecomunicaciones que implicaría aliarse con Telmex para competir con Televisa, en un contexto de evidente conflicto de intereses, la perredista publicó ayer en su blog un mensaje aclaratorio de muy baja calidad.

Para fines didácticos con mis estudiantes de Comunicación, retomo el documento y me permito leerlo atenta y críticamente con el fin de detectar sus debilidades desde el punto de vista comunicativo y extraer aprendizajes que ayuden a los jóvenes comunicadores a trabajar con seriedad y dignidad, sobre todo cuando están en juego asuntos tan importantes como la legislación en materia de telecomunicaciones y un severo conflicto de intereses.   

Vamos a ver. Lo que se presenta en letra negra es el mensaje original, que puede verse haciendo click aquí. Lo que va en azul son mis comentarios.

Título: El enemigo no soy yo, el enemigo son los monopolios

Esta cabeza es más bien pobre, porque:

  • De entrada manifiesta un posición la defensiva que no habla muy bien de la conciencia del emisor –¿si no has hecho mal, de qué tienes que defenderte en este tono tan dramático?- e invita al lector a buscar la culpa antes que los argumentos de “inocencia”.
  • Dado que se trata de una argumentación en primera persona, me parece que una redacción más correcta habría sido: “Yo no soy el enemigo…”, pero ya se sabe que la redacción para los medios busca “impactar” y es más probable lograrlo poniendo por delante una figura de naturaleza atemorizante, que evoca miedo y por tanto provoca aversión.
  • Eso de “el enemigo son los monopolios” es de una pobreza digna de compasión (que siempre será mejor que el enojo). “Los monopolios” es una referencia tan amplia y vaga que al final deja al lector con nada. Es como decir “el enemigo son los corruptos”, “las naciones extranjeras nos miran con recelo” o “los empresarios son el motor del crecimiento”. Es un recurso barato para diluir el señalamiento y evitar compromisos. ¿Todos los monopolios? Este
  • El juego singular-plural “el enemigo” y “los monopolios” contribuye a desvanecer la figura del contrario. ¿Los monopolios, todos, conforman un enemigo, como los países del eje o los aliados en la segunda Guerra Mundial? ¿Incluimos a Bimbo, Telcel, Aeroméxico, WallMart y otras empresas “preponderantes” que frecuentemente son señaladas como tales? Podría haber dicho “el enemigo es el monopolio” con lo cual tampoco diría nada relevante pero al menos suena a frase solemne de economista de izquierda, o “los enemigos son los monopolios”, expresión que puede causar incomodidades porque la pregunta automática es ¿cuáles?

Algo menos malo pudo ser “El enemigo no soy yo, sino los monopolios” o “Yo no soy el enemigo, los monopolios lo son”. Cabe destacar que el femenino, tan usado entre la clase política nacional preocupada por la equidad de género (o sea toda), aquí se dejó de lado cuando en realidad se trata de una enemiga. Pero bueno…

Destinatarios:

A la opinión pública,

A los medios de comunicación,

A mis compañeros legisladores,

Al pueblo de México

El orden de las audiencias a que se dirige el mensaje es interesante porque implica una jerarquía. ¿Qué le preocupa a la Sra. Dip. Carpinteyro? En primer lugar la opinión pública, lo que en realidad significa los líderes de opinión o los opinadores. Segundo, los medios de comunicación, donde se ubican los muchos de los más influyentes opinadores, y a los que hoy por la mañana en el noticiero de Carmen Aristegui la diputada acuso de “linchamiento” (otro recurso manido). Tercero, a sus compañeros legisladores, seguramente adelantándose a las solicitudes de información que se le hagan en la Cámara y quizá buscando complicidades (perdón por lo mal pensado, la mula no era arisca). Y en cuarto lugar, al final de la lista, al pueblo de México que debería ser el principal si no es que el único destinatario porque es al pueblo a quien se debe un diputado y a quien debería rendir cuentas, además de que el concepto abarca los tres anteriores.

No debe sorprendernos que el pueblo vaya al final. La experiencia dice que la población no es para los barones y baronesas algo de baja prioridad, sino algo de hecho inexistente, una entelequia de otros tiempos que a la hora de la comunicación adquiere cierta utilidad para fines preventivos (no vaya a haber reclamaciones) y decorativos.

El cuerpo del mensaje:

Como abogada (título por delante para fines de legitimidad profesional), llegué a la política habiendo hecho una (¿una?) carrera en el sector privado en gran parte y en el sector público, de forma corta y accidentada como muchos de ustedes ya lo conocen (¿que es lo que muchos conocen? Pregunto por el cambio a masculino). Muy pobre redacción, para dar información irrelevante que en todo caso puede conseguirse en internet. Una entrada que no le aceptaría a mis alumnos en la universidad.

Mi escuela fueron las salas de conferencias de Telefónica, Bell Atlantic, Embratel, Grupo Iusacell y WorldCom (impresionante, pero… so what?); mis maestros, legistas, abogados y tomadores de decisiones (¿empresarios?) que pensaban (¿sólo pensaban?, ¿no actuaban?) en el negocio (palabra clave, reveladora, que su asesor de comunicación debió haber evitado) de las comunicaciones desde una perspectiva estratégica y de desarrollo; mis colegas, todos aquellos con los que he tenido el privilegio de trabajar en pos (en pos significa marchar detrás, ir a la zaga; creo que quiso decir “a favor”) de un México desarrollado, fuerte e igualitario (si, claro, sobre todo igualitario).

Nunca estuve en compañía de (¿personas con?) intereses monopólicos y sectarios tan evidentes que (¿como?) cuando tuve roces (parece que era más que compañía, si hubo roces) con los poderes fácticos y políticos en temas de telecomunicaciones. Trabajar en el sector público me enseñó a no confiar en nadie (debe sentirse muy incómoda en la Cámara de Diputados), a mirar siempre por encima de mi hombro cuando cruzo la calle y a no confiar (segundo no confiar) en todo lo que escucho que se dice de mí (¿solo lo que se dice de ella? suena como autismo auditivo).

Hasta aquí es puro rollo prescindible, información chatarra que oscurece el mensaje que se quiere comunicar.

Las conversaciones difundidas por @LaRedEsNuestra_ por twitter y que varios medios de comunicación han retomado subsecuentemente (¿qué conversaciones? ¿por qué son importantes? ¿por qué estamos hablando de ellas?) hacen eco de lo que intereses monopólicos y sectarios (otra vez… ¿cuáles, quiénes?) han intentado siempre hacer: convertir en el centro de atención los asuntos privados de una persona -en este caso yo misma (se comió el guión), desviando la atención sobre lo que debe de mantenernos atentos (atención, atención, atentos), los debates sobre las Leyes Secundarias de Telecomunicaciones. A ver, ¿corresponde a los debates mantenernos atentos, o a nosotros mantenernos atentos a los debates?

A diferencia de muchos defensores políticos de un sector de comunicaciones sin monopolios, yo si estoy dispuesta a generar competencia en el sector tanto en la ley como en la práctica (no se entiende: ¿generar competencia no implica estar del lado de los defensores de un sector sin monopolios? ¿va la diputada tras la generación de un monopolio? ¿la traicionó su redacción o su subconsciente?); de ahí la conversación que escucharon con José Gutiérrez Becerril, colega y gran aliado en esta cruzada. Cuidado con los términos de talla grande: ¿gran aliado? y sobre todo ¿cruzada? Es muy raro que oigamos que alguien está empreñado en una cruzada sin verlo cometiendo desde abusos hasta atrocidades. Perdón, una cosa es querer hacer business y otra hacer cruzadas. Otro recurso trillado y a ras de banqueta para confundir al lector.

No obstante y lo recalco categóricamente (lenguaje de diputado en tribuna), lo que importa en (¿el?) tema de Telecomunicaciones es México y la cruzada (otra vez, qué miedo) para que los monopolios televisivos, de televisión de cable, de telefonía, de telefonía móvil y de internet se erradiquen. ¿Es este entonces el objetivo de la señora Purificación? ¿Se trata de una campaña antimonopolios? Pregunto porque en la grabación de la llamada sus intereses parecían bastante más mundanos.

Aclaro que mi conducta ha sido siempre intachable y que me he conducido en todo momento con apego estricto a la ley (Ley). También confirmo que este tipo de ataques (nótese que en ninguna otra parte del documento de habla de un ataque) solamente (sobra el solamente, porque además no es cierto; p. ej. también la hacen perder tiempo) me hacen más fuerte y fortalecen mi postura de rechazo permanente a los monopolios en el sector de telecomunicaciones en México (mensaje clave).

No hay que confundirse (¿quién se ha confundido? ¿en qué sentido?), el enemigo no soy yo, el enemigo son los monopolios,

Atte, Dip. Purificación Carpinteyro Calderón

En general puede decirse que se trata de un pieza muy pobre de comunicación, que seguramente no ha tenido mayor impacto ni consecuencias. Está muy mal estructurada, porque tarda mucho en llegar a lo medular, no es claro lo que quiere decir y no llega a un llamado a la acción o a una conclusión de peso. El cierre con la repetición de la frase “el enemigo no soy yo, etc.” es lamentable. La recomendación obvia es que consiga mejores apoyos para la construcción de sus mensajes y que de cualquier forma revise con cuidado lo que va a publicar antes de hacerlo, sobre todo en situaciones de crisis.

Como ciudadano, me molesta que la firmante piense que soy tan limitado intelectual y políticamente como para sentirme satisfecho con argumentos tan pobres expresados de manera tan desaliñada.   

 

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