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Doña María del Carmen y Carlos Slim

Cada viernes, lo primero que leo en la mañana es "Elitismo para todos", la columna de Fernando Solana Olivares en Milenio, que en esta ocasión se titula Fragmentos de un diario. No es la primera vez que cito a este autor en el blog, pero hoy he decidido reproducir dos de esos fragmentos, sacándolos de su contexto original, recontextualizándolos y con toda seguridad modificando ligeramente su significado al ponerlos juntos. Creo que no le molestaría al señor Solana.
Si pongo estas líneas en la mesa es porque me parece que dibujan, con pocos pero muy contundentes trazos, esta realidad "pavorosa" en la que, a juicio del mismo escritor "las cosas están a punto de reventar".

Martes. Hacía varias semanas que no la veía esperándome debajo del magro eucalipto donde la suelo recoger. Llegué a creer que mi amiga, doña María del Carmen, una humildísima anciana campesina, había muerto por fin para descansar. La idea me confortaba, pues los 75 años de edad de esta digna y refinada princesa ahora nacida como paria, de esta alma simple y preocupada por los suyos, tan desprotegidos y paupérrimos como ella, resultan una cruz difícil de sobrellevar. En mí lo sería, pero no parece serlo así para su corazón de oro, que nunca se queja del infortunio y sólo pide seguir teniendo fuerzas al caminar varios kilómetros desde su desvencijada casita hasta la carretera, encontrar ahí a alguien que la lleve a Lagos donde gente compasiva le facilitará unas cuantas bolsitas de nopal picado que venderá de casa en casa, y regresar con medicamentos comprados a precio de oro para el hijo epiléptico más unos cuantos alimentos para su prole hambrienta y marginal. Doña María del Carmen descansa en la Providencia, y como Dios, nunca llora, pero a diferencia de Lucifer, siempre reza. La llevo a Lagos, le doy dinero y al bajar del auto me bendice dulcemente. Ella se marcha alegre con sus torpes pasitos, luminosa y erguida, dueña de sí misma e incapaz de decepción, y yo me siento tan infeliz.

Viernes. Escucho al producto más acabado de la miseria mexicana, Carlos Slim, el plutócrata, justo la equidistancia de doña María del Carmen, advirtiendo sobre los malos tiempos económicos por venir ya. Su lenguaje pobre, su tropezada dicción: lo que natura non da, miles de millones non prestan. En el fondo, y sin ofender a nadie, ¡cuán estúpidos son los ricos! Y no hablemos de su amoralidad. Decía Michelet que quien comprende la pobreza lo comprende todo. Slim entiende muy poco aunque sea dueño ahíto de lo material. La anciana princesa, en cambio, sin tener nada lo tiene todo, pues la forma más alta de la inteligencia es la bondad: ese desapego se llama espíritu, y en él radica lo que es esencial...

Comentarios

  1. ¿qué puedo decir de tu post de hoy? Inteligente, claro, contundente y de paso, rotundamente cierto... la anciana princesa posee la forma más alta de inteligencia: la bondad, el saber darse, el amor.
    un abrazo para ti desde regiolandia (you know who I am)

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  2. Gracias por tu entrada, en especial en los días en que se celebra el AMOR, ahá sé... es de miedo pensar que un señor slim nosponga a bailar (una vez más) con sus dichos y declaraciones.
    Cierto cada quien habla de la feria como le fué en ella, y él no le ha dio muy bien que digamos y no me refiero al dinero, ese, que a mí me quitaría los nervios, a él le sigue sobrando y a la qeu parece qeu le falta...¡uf! le sobra...
    un beso,
    Tabi

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  3. Ah, mi querido maestro Sánchez, qué web... me ha dado leer esto. Qué trillado, qué "correcto"... mientras tantos mexicanos sigan pensando que la viejita pobre tiene más razón que quien ha generado tanta riqueza, así seguiremos... abrazos, evh

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  4. No es un tema de "tener más razón", tampoco de corrección. Si es trillado, pues lo siento en el alma; será tan trillado como la pobreza y la injusta distribución de la riqueza en este país.
    En un principio, pensé que quizá no lo habías leído con suficiente detenimiento, pero no, más bien creo que lo has leído desde una posición "moderna", "incorrecta" y de avanzada que yo, modesto hombre de a pie, no alcanzo. Afortunadamente. Con otras gafas, pues, muy distintas a las mías.
    Denise Dresser (quien probablemente también te parecerá poco digna de atencion, y su trabajo de hueva) ha respondido estos días a la balbuceante y malintencionada propuesta de este hombre que tanta riqueza (para sí) y tanta pobreza ha generado. Mi posición se parece mucho a la que ella plantea. De un momento a otro la colocaré en el blog. Es una posición que busca ser seria, crítica y alejada de la frivolidad que tanta aceptación tiene hoy día.
    Saludos
    Salvador

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  5. A lo mejor soy "faltoso" y "fato"; a lo mejor su merced es un tanto "repunante". Qué sé yo. He leído con atención la carta de doña Denisse, y acierta su señoría, no estoy de acuerdo con ella. Confunde con convenientísima desfachatez impuestos con tarifas, como tantos. En fin, en ella no me sorprende. Del tema de Telmex y el señor Slim, que se defiendan ellos; ya tiene uno suficiente con lo propio. Sin embargo, aprecio con agradecimiento el tiempo y la dedicación para responder a su servidor.

    Abrazos, evh

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