La impunidad en México es un tema que se vuelve dramático cuando se habla de muertes, secuestros y violaciones -el pan de cada día- pero la verdad es que, como la corrupción (porque va de la mano con ella), empapa a la sociedad en todas partes y a todos niveles. Si no valen las leyes, menos valen las normas informales de convivencia con lo que la gente sin bases cívicas y morales (de la que abunda en la Ciudad de México) encuentra el terreno propicio para hacer lo que le da la gana, desde tirar basura en las calles hasta ajusticiar a un prójimo, pasando por saltarse las luces rojas de los semáforos, insultar por cualquier cosa, robar, abusar, agredir, mentir, intimidar. Todo es parte de lo mismo. La permisividad para unas cosas acaba desembocando en anarquía y caos. La vecina, por ejemplo, impide el descanso de los demás y no hay forma de limitar su falta de educación. Literalmente, no hay forma "y háganle como quieran". A las reclamaciones responde con insultos, gritos, puñe...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.