Esclavos en potencia. Todos tenemos algún grado de susceptibilidad a la esclavitud. Todos tenemos algún punto débil, una necesidad, que podría ponernos en manos de quien lo descubriera. En ciertos casos es algo evidente y relativamente fácil de manejar o satisfacer, como la necesidad de aprobación, en ocasiones es evidente pero no tan simple en su satisfacción, como la debilidad por el dinero o por el poder, o no tan evidente pero simple, como algunas necesidades de seguridad, u oculto y complejo, como las tendencias sádicas o masoquistas, o la necesidad de dominación. Mientras mayor sea esa debilidad, mayor es el “potencial de esclavitud” de la persona en cuestión, por eso en la mayoría de los casos es algo que se disimula hasta donde es posible, aunque las grandes vulnerabilidades antes o después afloran. Es el ego, ese maldito traidor que todos llevamos dentro. Por eso, en algunas tradiciones espirituales se lucha por la anulación del deseo, es decir, la supresión...