Nunca olvidaré la frase "John Lennon shot dead in New York City" con la que en el sonido local de la discoteca Jason's de Boston, donde nos encontrábamos con un grupo de colegas asistentes a un congreso de la ASTD, se anunció la muerte de una de las figuras más influyentes de mi juventud temprana. La fiesta terminó con esa noticia, y de regreso en el hotel la televisión confirmaba la terrible noticia y daba detalles del caso: un tipo solitario disparó a Lennon cuando bajaba de un taxi frente a su casa. Dormí poco. A la mañana siguiente, temprano, teníamos vuelo a Nueva York. Tampoco olvidaré mi visita al Central Park y a la zona del edificio Dakota, frente al que Lennon fue baleado, el 9 de diciembre. El lugar estaba lleno de freaks, exóticos de la más diversa catadura, plañideras y azotados. Ya se sabe cómo son los gringos. Yo no me azotaba, no lloraba, ni daba gracias a Dios o a la vida por la oportunidad de estar allí -en todo caso habría sido a Cervecería Moctezum...
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