Gracias, American Express, por ayudarnos a madrugar. Eso no tiene precio. Hoy es sábado. La semana que está terminando ha sido particularmente pesada y mi esposa y yo decidimos que dormiríamos hasta más tarde que de costumbre, para descansar. Mi hijo llegó en la madrugada, de una fiesta, y seguramente despertaría no antes de las 11:00. Ese era el plan: ejercer el derecho al descanso. Pues bien, a eso de las 8:30 sonó el teléfono, despertándome con el sobresalto que casi siempre conlleva una llamada a mitad del sueño. Una voz masculina pregunta por mi esposa –por su nombre- identificándose como alguien que llama de parte de American Express . Cuelgo la bocina e inmediatamente vuelve a sonar: el mismo tipo, quien responde con cinismo “sábado, 8.35, ¿por qué?” cuando pregunto si sabe el día y hora que es. Le digo que no tiene derecho a interrumpir el sueño de nadie y cuelgo. Vuelve a sonar. Descuelgo y cuelgo. Vuelve a sonar. Evidentemente, es una máquina de remarcado. Al ...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.