La jacaranda asesinada. El 17 de mayo publiqué en Facebook la foto que presento a continuación y el comentario que le sigue. Qué maravillosa muestra de resiliencia y vitalidad. Esta jacaranda, que igual tenía 50 o más años, fue podada casi hasta la raíz, pero no se dejó matar y echó retoños. Es una metáfora de la vida, caraj o, que si se piensa un poco deja una buena lección y hasta alcanza a conmover. A ver cuanto tarda en llegar la mano ecocida del funcionario delegacional, del casateniente idiota o del vándalo que nunca falta para destrozar este pequeño monumento a la vida. Pues bien (¡pues mal! debería decir), el viernes que pasé de nuevo por esa parte de la calle de Gómez Farías, en el corazón de Coyoacán, me encontré con esto: Al final, ese poderoso rasgo de la cultura nacional que hace de la destrucción algo irresistible para tantos mexicanos, sobre todo en su vertiente ecocidio, se hizo presente. Alguien arrancó y pisoteó minuciosamente los retoños de la j...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.