Hace unos días, viví un episodio de comunicación que me ha dejando pensando en torno al asunto de la atención que prestamos a los demás. Los hechos Estábamos a punto de comenzar una junta, temprano en la mañana, cuando surgió el tema de las facturas electrónicas (aunque podría haber sido cualquier otro). Comenté sobre mi preocupación por los recibos digitales que tendremos que entregar, pronto, las personas físicas a nuestros clientes y uno de mis compañeros le restó relevancia, apoyado en un par de razones asociadas a una prórroga. Yo intenté explicar por qué el tema me parecía efectivamente digno de atención, pero en tres o cuatro intentos de argumentar este colega me interrumpió para dar su opinión, hasta que me sacó de quicio. Cuando hice evidente mi molestia ante la descortesía de no dejarme terminar de hablar, mi interlocutor dijo algo así como “amanecimos de mal humor esta mañana”, con lo cual trasladó el origen del malestar de su comportamiento (su persona) a mi estado em...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.