Leo los trabajos de mis alumnos, la gran mayoría desaliñados (los trabajos, no sus autores) y hechos bajo la ley del menor esfuerzo, escucho a los reporteros y periodistas de radio y televisión, accedo a materiales producidos por comunicadores corporativos bien pagados, reviso correos electrónicos y mensajes de colegas en facebook y Twitter, y el común denominador es siempre el mismo: un uso muy deficiente del lenguaje. Es probable que no encontremos una profesión -y menos aun un oficio- en el que sus practicantes muestren tan escaso dominio de la materia prima de su trabajo como los comunicadores y comunicólogos. Nos decía el maestro Jesús María Cortina a sus alumnos que en toda la amplia gama de actividades a que pueden dedicarse los estudiantes de Comunicación en su vida profesional lo único que absolutamente todos compartirían es el uso del lenguaje. Todo producto comunicativo de la naturaleza que sea, quizá con la salvedad de algunas obras de arte tiene, al menos en su génesis, ...
Espacio para informar, reflexionar, dialogar y, en ocasiones, desvariar en torno a la interminable serie de conversaciones que constituyen la esencia de las organizaciones.